El coleccionismo retro tiene fecha de caducidad: ¿terminarán nuestras colecciones en la basura?

Miniatura sobre el futuro del coleccionismo retro, con una colección de videojuegos junto a un vertedero

Durante años hemos visto cómo los videojuegos retro se han convertido en auténticos objetos de culto. Juegos de Mega Drive, Super Nintendo, Nintendo, Atari, Game Boy o PlayStation: piezas que hoy pueden alcanzar precios muy elevados y que muchos coleccionistas conservamos como auténticos tesoros.

Pero hay una pregunta que cada vez me parece más interesante y que da mucho que pensar: ¿qué pasará con todas estas colecciones dentro de 20, 30 o 40 años?

Una generación que está cambiando

La generación que vivió aquellos videojuegos está envejeciendo. Mientras tanto, las nuevas generaciones están creciendo con otro tipo de videojuegos, otras plataformas y otra forma de consumir entretenimiento.

¿Seguirán queriendo coleccionar nuestros juegos físicos quienes han nacido en una época en la que el formato físico prácticamente ha desaparecido y quizá nunca han llegado a conocerlo? ¿Tendrán algún interés por esas enormes colecciones que estamos acumulando hoy?

El paso del tiempo también afecta a las máquinas

Pero existe otro problema del que quizá hablamos mucho menos: la conservación. Los cartuchos, discos, cajas, placas electrónicas, condensadores, lectores, conectores y otros componentes también envejecen. Con el paso de las décadas, muchos juegos y consolas acabarán necesitando reparaciones cada vez más complejas.

Llegará un momento en el que determinados componentes dejarán de fabricarse, será difícil encontrar repuestos, habrá menos técnicos capaces de repararlos y algunas máquinas, sencillamente, no podrán volver a funcionar.

¿De qué sirve tener una colección de cientos de juegos si dentro de varias décadas muchos están deteriorados, los soportes han fallado y ya no existe una forma sencilla de repararlos?

¿Y si nadie quiere nuestras colecciones?

Si además las nuevas generaciones no sienten ningún interés por esos videojuegos, podríamos encontrarnos con miles de colecciones heredadas que nadie quiere conservar, nadie quiere comprar y nadie sabe dónde almacenar.

En el peor de los casos, muchas podrían terminar directamente en la basura. Y quizá el verdadero problema no sea únicamente que los videojuegos retro pierdan su valor económico. También podrían perder parte de su valor cultural, dejar de interesar a la gente y, con el tiempo, llegar a un punto en el que ni siquiera podamos mantenerlos funcionando.

¿Estamos coleccionando para el futuro?

No se trata de dejar de coleccionar ni de pensar que nuestra afición no tiene sentido. Se trata de mirar un poco más allá del presente y preguntarnos qué ocurrirá con todo lo que estamos guardando. Quizá hoy vemos nuestras estanterías llenas de tesoros, pero no sabemos cómo las verá alguien dentro de treinta o cuarenta años.

¿Crees que dentro de 30 o 40 años las colecciones retro seguirán teniendo valor? ¿Las nuevas generaciones querrán nuestros juegos? ¿Estamos acumulando objetos que algún día nadie querrá y que terminarán desapareciendo?

Me interesa conocer vuestra opinión. Porque quizá la pregunta no sea cuánto vale hoy un videojuego, sino quién querrá conservarlo mañana.

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